martes, 26 de marzo de 2019

Los 8 males del profesor universitario



                                                        Foto: Nik Shuliahin

Por: Héctor G. Barnés 

Hasta hace relativamente poco, la de profesor universitario era una ocupación privilegiada. No sólo gozaba de una buena reputación entre todos los estamentos de la sociedad, sino que esta se correspondía con una gran influencia social y una remuneración acorde con el puesto. John Edward Masefield, poeta inglés, escribió que “hay pocas cosas terrenas más hermosas que la universidad: un lugar donde los que odian la ignorancia pueden luchar por el conocimiento, y donde quienes perciben la verdad pueden luchar para que otros la vean”. 
Se desprecia el valor del conocimiento por la eficiencia
No obstante, y de manera paralela al crecimiento de la población universitaria durante la segunda mitad del siglo XX, el profesor universitario parece estar sometido a más estresantes que nunca. No sólo ha perdido su categoría social, sino que también ha visto cómo su sueldo ha disminuido de manera inversamente proporcional al del estrés que ha de afrontar. Todo ello formando parte de una institución cuyas estructuras apenas han evolucionado en siglos.
“El trabajo del profesor universitario es uno de los más tóxicos”, recuerda con contundencia el psicólogo y profesor de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá Iñaki Piñuel. “Se valora poco porque se cree que el trabajo del sector educativo es de guante blanco, pero contrariamente a ello, el entorno del profesor universitario produce niveles de estrés superior a otros y quiebra la capacidad laboral de muchos profesores a una edad más temprana”.
Hace ya una década que un estudio de la Universidad de Murcia puso de manifiesto que el 83,6% del profesorado sufría de estrés crónico, y aunque su autor, el profesor ya retirado de Psicopatología de la Universidad de Murcia José Buendía reconoce que “los datos son perecederos”, la situación parece haber empeorado tras la implantación del Plan Bolonia. Es una situación que se repite en otros países vecinos, como el Reino Unido, donde recientemente una investigación publicada por el UCU (Universitary and College Union) ponía de manifiesto que las enfermedades mentales habían aumentado sensiblemente entre la población académica.
El estudio sintetizaba algunos de los principales escollos para la felicidad del profesor, entre los que se encuentran el constante escrutinio externo, la imposibilidad de conciliar la vida personal con la laboral y la necesidad de proporcionar constantemente resultados positivos. Como recuerda la profesora titular de sociología de la Universidad de La Coruña Rosa Caramés, “se desprecia el valor del conocimiento por la eficiencia”. Estos son los principales “jinetes del Apocalipsis” a los que tiene que enfrentarse el profesor contemporáneo.
1. Es una institución del siglo XXI que sigue funcionando de manera medieval
Quizá la comparación más reveladora para definir la universidad sea la que utiliza Piñuel: las universidades siguen reflejando con gran fidelidad las características de la sociedad feudal en la que nacieron. “El feudalismo genera sus cabecillas y sus súbditos, que están obligados a respetar ciertos códigos ajenos al siglo XXI, como cuando te dicen ‘no te presentes a esta plaza porque ya está adjudicada’ o ‘tú no puedes publicar en esta revista hasta que yo lo haga”, explica el autor de La dimisión interior (Ed. Pirámide).
Como dejó escrito el administrador de la Universidad de Harvard Henry Rosovsky en The University: an Owner’s Manual, “las universidades aman los rangos jerárquicos tanto o más que el ejército”. El psicólogo añade que, a diferencia de la educación primaria o secundaria, la universidad está formada por alumnos ya adultos, “que son gente más exigente”, y el profesor está obligado a actualizarse continuamente. Ello da lugar a factores de riesgo psicosocial como “la rivalidad, la competitividad, las camarillas de poder o las guerras intestinas”, frecuentes en el ámbito universitario y que minan poco a poco la resistencia del profesor.
2. El día que el profesor pasó a ser un burócrata
El Plan Bolonia ha traído consigo, entre muchas otras cosas, una burocratización de la enseñanza que ha provocado que los profesores pasen más tiempo rellenando formularios, pruebas y revisiones que dedicados a la preparación de sus clases y a sus proyectos de investigación. “Bolonia se ha implantado de manera desastrosa”, sintetiza Rosa Caramés. “Sólo se ha conseguido consumir el tiempo dedicado a la preparación de las clases y dedicar más tiempo a labores puramente administrativas”.
Piñuel se muestra de acuerdo: “Son un montón de horas de trabajo que sobrecargan a un profesor que ya está suficientemente sobrecargado de por sí. Para conseguir nada estamos incrementando una carga que no tiene mucho valor añadido. No por rellenar más papeles es mejor, al contrario, el tiempo disponible para preparar clases e investigar se emplea en reuniones y consignar papeles”. También disminuyen las horas de descanso y esparcimiento, vitales para el bienestar de cualquier trabajador.
Esta “maquinaria”, como la define el psicólogo, conlleva otro problema: el aumento de las pruebas sobre el control del profesorado. Algo que en principio tendría como objetivo garantizar la calidad de la enseñanza, se añade a las montañas de burocracia ya existentes y someten al profesor a un continuo escrutinio. “Es la paradoja tras la ilusión del control”, explica Piñuel. “Es un efecto de la centralización de las políticas de la UE que necesita sistemas de control. La idea de consignar papeles, documentos o comisiones da la sensación de que las cosas se están gestionando mejor. Es pura entelequia”.
Pablo, profesor durante quince años tanto en España como en Inglaterra, cree que ello ha provocado, no obstante, que haya un mayor control sobre el acceso a los puestos docentes. “Antes, cualquier catedrático o profesor con influencia podía enchufar a quien le diese la gana (te sorprendería saber en cuántos departamentos de la universidad pública hay padres e hijos o maridos y mujeres)”, explica. “Ahora, al menos, el enchufado ha de pasar un filtro, aunque sea un filtro de mínimos, no del todo exigente, discutible, etc.”
3. Acoso por arte de los alumnos... y por parte de los compañeros
Aunque el acoso por parte de los estudiantes no es tan frecuente como en la educación secundaria, los profesores también manifiestan ser víctimas de amenazas por parte de sus alumnos. El desprestigio reciente de la educación no ha ayudado precisamente: “En los últimos años ha entrado una corriente que desprestigia la labor del docente. En ocasiones parece haber un afán reduccionista, un tanto persecutorio, de la labor de las personas que se dedican a la docencia”, explica Rosa Caramés, que sugiere que muchas veces el profesor es acusado de una serie de cosas –“que no corrige bien, que tiene manía a los alumnos, que no sabe dar clase”– que tan sólo son ciertas en un número limitado de casos, pero que suele hacerse extensible a todo el cuerpo docente. 
La creciente competencia provoca que las zancadillas sean frecuentes
A este hay que añadirle el mobbing ocasionado por los propios compañeros: según el estudio anteriormente citado, realizado en la Universidad de Murcia en el año 2004, hasta el 44% del personal manifestaba sufrir acoso laboral. Algo que, como señaló en aquella ocasión el profesor José Buendía, “tiene como objetivo que se abandone el centro, puesto que al ser funcionarios, no se les puede despedir”. Piñuel añade que la creciente competencia provoca que las zancadillas sean frecuentes: “Quien no acata las reglas, se convierte en un chivo expiatorio y es perseguido”.
4. Hay que luchar mucho para ascender.
El del acceso a la docencia universitaria es un camino lleno de palos y piedras y, sobre todo, sacrificios obligados. Pasan años hasta que se pueda impartir clase, mucho más hasta que alguien se convierte en profesor titular y ya no digamos convertirse en catedrático. Abundan las horas extras, las asignaturas impartidas a cambio de nada o el “tráfico” de artículos que permite a algunos profesores seguir un año más aferrados a su puesto gracias a trabajos realizados por sus estudiantes.
“El motivo de conflicto más grande que puede haber en un departamento es casi siempre las plazas”, explica Pablo, que matiza que al no haber plazas nuevas durante los últimos años, los conflictos han desaparecido. “En el pasado, cuando no existía el método de las acreditaciones, las plazas las decidía el catedrático de turno, y siempre terminaba favoreciendo a sus preferidos, mientras que los otros se jodían y tenían que esperar años hasta conseguir sacar su plaza. Aún hoy se ven rencillas entre profesores que vivieron ese sistema y que se enfrentaron unos a otros por plazas”. 
Preparar bien una hora de clase puede llevarte entre ocho y diez horas
Algo que, no obstante, no siempre es percibido de forma necesariamente negativa, especialmente como una solución al piloto automático que provoca la falta de ilusión entre los docentes de mayor edadLuna Paredes goza de una beca FPU (Formación del Profesorado Universitario) e imparte clases de «Análisis y comentario de textos literarios» en la Universidad de Alcalá. “El hecho de que un becario imparta una asignatura completa me parecía a priori una irresponsabilidad”, explica. “Sin embargo, un becario también va a afrontar las clases con un entusiasmo que algunos profesores (no todos, no siempre) han perdido”.
El esfuerzo exigido a los primerizos, frente al de los funcionarios, “sólo puede traer cosas buenas”, señala, aunque “implica que las horas de preparación de una sola clase sean ingentes”. Como recuerda Pablo, que imparte ocho horas de clase a la semana, “preparar bien una hora de clase que impartes por primera vez puede llevarte entre ocho y diez horas”. “El becario debe hacerlo bien porque, en primer lugar, está inseguro y se esfuerza ante los alumnos y en segundo lugar, porque no quiere cagarla ante el director de tesis ni el departamento”, concluye Paredes.
5. Se cobra menos de lo que se piensa
El de los sueldos de los profesores universitarios es un tema complicado, en cuanto que estos varían sensiblemente dependiendo del centro, de la categoría del docente o de los diferentes incentivos autonómicos. Las categorías inferiores son las principales perjudicadas de un sistema que se complementa con los célebres quinquenios y sexenios –períodos dedicados a la investigación–, pero a los que no todo el mundo tiene acceso. El salario base puede llegar a encontrarse en unos 1.100 euros. Rosa Caramés recuerda que, aunque ella no pertenezca a dicho grupo, los más jóvenes sufren una mayor precariedad, “con contratos de muy pocas horas por las que se paga muy poco, a pesar de que el tiempo de preparación de las clases sigue siendo el mismo. La docencia se concentra en poco tiempo para ahorrar presupuesto”.
6. El sistema educativo "marketinizado": el estudiante siempre tiene la razón
Existe cierto consenso entre los profesores en señalar que el alumno ha pasado de ser un estudiante a convertirse en un cliente, algo en consonancia con la tendencia privatizadora del sistema universitario. Ello obliga a que el docente redefina sus tareas y se vea obligado a reinterpretar su labor, lo que en opinión de Rosa Caramés, da lugar a una relación “un tanto viciada”. “Todas las cosas materiales e inmateriales tienen un precio y un valor, que no tienen por qué coincidir”, explica la socióloga. “No se entiende que los conocimientos y su proceso de adquisición es un proceso mutuo. Como todo se ha mercantilizado, lo único que parece sustentar la relación entre profesor y alumno es el precio de la matrícula”. 
Uno de los factores novedosos es que el profesor se tiene que poner al servicio del alumno, algo que antes no se entendía así
Como señalaba el filósofo José Luis Pardo en 2008, “todo comenzó con la sustitución de las “asignaturas” por “créditos”. Piñuel lo interpreta como una liberación del estudiante de las cadenas que el sistema feudal le había impuesto. “Uno de los factores novedosos es que el profesor se tiene que poner al servicio del alumno, algo que antes no se entendía así, sino que se ponía énfasis en el profesorado. El alumno ha evolucionado a ser alguien que tiene derechos, que puede exigir, que puede pensar y reclamar”. Algo a priori positivo pero de lo que, sin embargo, el profesor no parece haberse beneficiado: “Precisamente, el burnout en el profesor genera situaciones de maltrato hacia los alumnos impropia de este tiempo, como arrogancia, prepotencia...”
7. La investigación, ¿sirve para algo?
En el año 2013, la comunidad científica se vio sacudida después de que el Premio Nobel Randy Schekman denunciase que el factor de impacto de las revistas –es decir, la puntuación recibida por cada publicación sobre el número de veces que sus artículos son citados– vicia la investigación, y crea burbujas en torno a determinados temas. Algo semejante ocurre con el funcionamiento de los diferentes departamentos de investigación, que se centran exclusivamente en aquellos temas que les pueden dar una mayor visibilidad, despreciando aquello que no está de moda. 
Una parte importante de los ingresos de los departamentos dependen de la productividad de los miembros
La máquina de la producción científica no puede pararse. Como recuerda Pablo, en países como Inglaterra, “una parte importante de los ingresos de los departamentos se los juegan con la productividad de los miembros. Es decir, si un profesor se pasa tres años sin publicar un artículo de prestigio o sin conseguir un proyecto de investigación, baja los promedios del departamento y este pierde dinero”. No obstante, se trata de una situación que afecta más en el extranjero que en nuestro país. “Un profesor titular (y conozco no a uno o a dos, sino a muchos) puede tirarse, no tres años, sino toda una vida sin dar un palo al agua, excepto prepararse sus horas de clase semanales, corregir exámenes y punto”, explica el profesor.
8. Sentimiento de inutilidad
En una reciente investigación llamada It’s a Bittersweet Symphony, This Life: Fragile Academic Selves, el profesor de gestión de las organizaciones de la Universidad de Lancaster David Knights, tras analizar los problemas de identidad entre el cuerpo lectivo inglés, llegó a la conclusión de que la mayor parte de sentimientos de los profesores hacia sus centros estaban marcados por la ambivalencia. Por una parte, porque su idea del mundo académico estaba marcada por la pasión, por el entusiasmo y por unas elevadas expectativas. Pero, al mismo tiempo, estas se encontraban matizadas por una agria sensación de que muchas de sus aspiraciones parecían “irrealizables, si no irreales”. 
Así como periódicamente hacemos una revisión de nuestro vehículos, deberíamos hacer la ITV psicológica de los profesores
“Los que tenemos más vocaciones de hacer cosas nos vamos desgastando”, afirma Pablo. “Muchos de estos profesores que sólo hacen docencia en realidad no tienen interés en nada y por eso no investigan, lo único que les apetece es leerse el periódico, hablar por teléfono y tomar cafés”. Es la última etapa de un proceso que erosiona poco a poco las ilusiones privilegias y que, como recuerda Piñuel, aparece mucho antes que en otras profesiones. “Si bien la respuesta a nivel institucional a sus esfuerzos no alcanzaba el reconocimiento jerárquico, social o por parte de los compañeros, la dulzura de una carrera potencialmente estimada y una identidad reconocida de manera pública disparó sus esfuerzos”, concluía el estudio sobre esos frustrados, pero ilusionados, profesores.
“Así como periódicamente hacemos una revisión de nuestro vehículo, deberíamos hacer la ITV psicológica de los profesores”, concluye Piñuel. “Tenemos entre nuestras manos el mejor capital simbólico del país”. No se trata únicamente de preservar la calidad de vida de los docentes, sino también, de evitar que el alumnado sea la última víctima de un sistema desencantado y cada vez más oprimido.
Tomado de: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2019-01-24/males-profesor-universitario-trabajos-toxicos_156018/ 
¿Cuál de los anteriores "males" le es familiar y qué haría para contrarrestarlo? 

viernes, 8 de marzo de 2019

Diálogos inspiradores entorno a la Cultura Digital



Si entendemos la Cultura Digital como esos hábitos que vamos desarrollando frente a las Tecnologías de la Información y Comunicación y que hacen que nos reconozcamos como sujetos en un mundo cada vez más conectado, es primordial comprender las relaciones que tejen los ciudadanos frentes a las nuevas prácticas, dispositivos e interacciones digitales.

Por lo anterior, y en aras de abrir espacios que posibiliten diálogos inspiradores en torno la Cultura Digital, el próximo jueves 21 de marzo de 10:00 a 12:00 p.m. tendremos en el Centro de Innovación Saber Digital de la Secretaria de Educación de Bogotá, a Mónica María Bermúdez Ph.D quien nos presentará los hallazgos de su tesis doctoral titulada: Entre escrituras y expresiones de subjetivación política juvenil en espacios digitales” A continuación una provocación:

Los jóvenes encuentran, por ejemplo, en Facebook y WhatsApp, un lugar para compartir e interactuar usando distintas comunicaciones escritas, las cuales se anudan al interés subjetivo, a las representaciones que tienen sobre la vida, las cuales se socializan espaciadas por momentos y no son continuas sino esporádicas, pequeñas y afines a un estado de ánimo y a un deseo de sí. No dejan de reconocer que escribir en medio de una audiencia tan amplia como lo es Facebook genera movimientos interiores que incitan a decir, exponer y a experienciar con palabras escritas. Es un juego político que se origina en lo singular y va a lo grupal, luego se devuelve al individuo y comienza de nuevo a dialogar con lo común y con lo grupal. Además, los jóvenes valoran especialmente la sensación de libertad al expresarse o escribir; es una forma de salir de sí mismos para incorporarse a un ámbito social digital y ver cómo la presencia de los otros emerge como posibilidad de ser un nosotros.”


Más información e inscripciones aquí

martes, 10 de abril de 2018

La falacia de los nativos digitales



El pasado sábado 7 de abril fui invitado por la Universidad Cooperativa de Colombia (Sede Bogotá) a disertar sobre un tema que aún no hemos superado; y es el de los denominados “Nativos Digitales”. Y digo no hemos superado porque aún se escucha en discursos políticos y académicos que los jóvenes por haber nacido cuando las tecnologías digitales ya estaban desarrolladas saben utilizarlas. Esto es como pensar que hoy en día nadie necesitará aprender a manejar un vehículo.

Y es que el término "nativo digital" fue acuñado en 2001 por Marc Prensky para definir a esos jóvenes que crecieron rodeados y utilizando computadores, teléfonos celulares y otras herramientas digitales, y a nosotros que no nacimos rodeados de tecnologías fuimos denominados como “inmigrantes digitales”.

A partir de esta postura inicie mi disertación presentando el contexto de cómo está el panorama digital hoy en día. Allí resalté apoyado en fuentes confiables aspectos como: el número de teléfonos celulares ya sobrepasaron la población en el mundo, que los jóvenes en Estados Unidos pasan 18 horas inmersos en medios de comunicaciones y qué en Colombia el 79% de los jóvenes entre 16 y 24 años consideran Internet como algo muy importante en sus vidas.

Estas cifras sin duda nos ponen en un nuevo contexto y nos retan a los que trabajamos en educación a repensarnos nuestra labor. Ya que no hay duda que hoy en día existe un choque entre las formas de enseñar y aprender. Mientras los docentes seguimos enseñando con metodologías jerárquicas, con recursos tradicionales, en espacios rígidos y desconectados de la Cultura Digital, los jóvenes son ubicuos, hiperconectados, aprenden con dispositivos móviles y en ambientes des-estructurados.

En este contexto totalmente cambiante propuse como parte de la discusión de los “nativos digitales” reflexionar desde la educación sobre los siguientes tres retos:

Reto 1: Conocer cómo aprenden los jóvenes: Aquí resalté la necesidad de comprender los nuevos estilos, ritmos y mecanismos con qué aprenden hoy los jóvenes; resalté la postura de Connie Yowell cuando afirma que ““Es la primera vez que la educación nos pide que preparemos personas para un mundo que no encontrarán” y su teoría cuando afirma que los jóvenes aprenden cuando:
  •         Les interesa un tema.
  •          Encuentran personas que comparten la misma inquietud.
  •          Cuando el aprendizaje les sirve para algo.
Reto 2: Entender cómo se relacionan los jóvenes con las tecnologías: En este segundo reto planteamos la necesidad de entender como los jóvenes están construyendo su identidad a partir de las tecnologías digitales y reflexionar que las competencias digitales no se adquieren por contagio sino son producto de todo un proceso de formación.

Reto 3: Conocer las tendencias tecnológicas que impactan la educación: Finalmente propusimos la necesidad que los docentes se conecten con la Cultura Digital y aprovechen tecnologías de vanguardia para empoderar a los jóvenes de hoy; que indaguen que beneficios trae para la educación el bigdata, la inteligencia artificial, el blockchaim, entre otras tecnologías.

En conclusión dejamos un último mensaje y es que necesitamos docentes que le den sentido a las tecnologías, que vean en ellas maneras de resignificar la enseñanza y propiciar espacios para empoderar los jóvenes con estos recursos digitales que hoy en  día confluyen en la educación
  




sábado, 10 de febrero de 2018

Cómo cautivar audiencias a través de presentaciones impactantes


Seguramente muchos de ustedes (al igual que yo) han sentido sueño, aburrimiento o ganas de salir corriendo durante presentaciones académicas, laborales o de cualquier tipo a las que haya asistido. Esto pasa porque en ninguna parte nos enseñan cómo hacer una presentación que cautive a nuestra audiencia y dejé un alto impacto.

En mi vida laboral así como en mi formación académica no recuerdo haber recibido ningún tipo de instrucción en cómo preparar una buena presentación (y eso que estudie comunicación social). En las clases que recibí y en muchas reuniones laborales he soportado tediosas presentaciones que poco o nada me dejaron.

Una buena presentación es aquella que entre otros detalles se caracteriza por: conocer y conectar con la audiencia, tiene claro sus objetivos,  su diseño es agradable, no satura al público, responde con el tiempo establecido, inspira una acción, pero sobre todo genera valor en su público. 

En este sentido estoy convencido que es necesario llevar a cabo una formación para crear buenas presentaciones. Es por ello que he venido desde hace varios años estudiando y probando técnicas de cómo hacer una presentación que no sólo cautive sino que impacte a cualquier audiencia. Esta necesidad se ha materializado luego de los aprendizajes obtenidos durante el último año en un curso que imparto a docentes universitarios de la ciudad de Bogotá.

A partir de todos estos aprendizajes he desarrollado una metodología que se ha traducido en un taller en donde los participantes aprenden a construir una presentación de alto impacto. Durante el taller se abordan entre otros aspectos los siguientes:
  • El PEDI o cuatro momentos de una presentación (Planeación, estructura, diseño e iniciación).
  • Identificación, selección y organización de la información.
  • Formatos para la elaboración de presentaciones.
  • Repositorios de recursos para apoyar presentaciones.
  • Consejos para dirigirse a la audiencia.

No dudo que con la puesta en práctica de los consejos y recomendaciones recibidos en este taller sus presentaciones tendrán mayor relevancia. Por aquí les dejo una infografía con más detalle del taller, cualquier información me puede escribir a: info@okku.com.co


viernes, 4 de agosto de 2017

Cuando la tecnología amplia los saberes ancestrales


Desde hace ya varios años venimos observando cómo las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) contribuyen a brindar soluciones a diferentes problemáticas sociales, así mismo están promoviendo en diferentes sectores de la sociedad el crecimiento económico, la competitividad y la inclusión social.

Todo esto y mucho más lo he podido observar en los diferentes proyectos en los que he trabajado. Sin embargo, los impactos que más me llaman la atención de las TIC son lo logrados en sectores rurales. Por varias razones; el poco acceso que se tienen a las tecnologías digitales, las brechas de apropiación que se presentan, las dificultades para llevar infraestructura, entre otros aspectos.

Y es por esto que hoy quise escribir sobre una historia que ha impactado en un viaje que realicé recientemente a la Leticia – Amazonas y que hace parte del proyecto Kioscos Vive Digital de la región 5 en el que vengo trabajando desde hace tres años.

Para los que no saben el Proyecto de Kioscos Vive Digital es una iniciativa liderada por el Ministerio TIC de Colombia y que busca entre otros objetivos acercar a las comunidades rurales de Colombia con las TIC. Mi rol en este proyecto ha sido con NEC de Colombia y la Fundación Universitaria Escolme que operan la región 5 compuesta por los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Caldas, Risaralda, Amazonas, Vaupés y Guania y consiste en acompañar el desarrollo de los foros de casos de éxito haciendo un cubrimiento de los foros y dando charlas sobre apropiación de tecnologías en sectores rurales.

En este recorrido de tres años conociendo historias de cómo las comunidades rurales han apropiado las tecnologías me he encontrado con casos muy bonitos, el último fue el de Vanusa Rocha quien hace parte de la comunidad Ticuna del Amazonas. Ella cumple dentro de su comunidad una labor muy importante que nosotros como "occidentales", en ocasiones desconocemos, Vanusa es rezandera y con su técnica y el uso de las plantas medicinales está salvando la vida de muchos niños de su comunidad.

Vanusa es lo más cercano a un médico para su comunidad y aprendió el arte del rezo con plantas gracias a los conocimientos ancestrales que le transfirió un tio que vive en Tabatinga – Brasil. Vanusa se ha convertido en una persona clave en su comunidad ya que gracias a sus conocimientos y las plantas medicinales está curando el “quebrante” en niños de 0 a 2 años.

Lo más bello de esta historia es que gracias al Kiosco Vive Digital Vanusa ha logrado ampliar sus conocimientos en plantas medicinales y ha contactado  a otros rezanderos para compartir sus conocimientos y experiencias en torno a un mejor uso de sus prácticas de rezos

No hay duda que el poder de las TIC no tiene límites y casos como este hace que trabajar entendiendo como las personas se relacionan con las tecnologías sea un reto cada día más grande. Los dejo con el testimonio de Vanusa Rocha.




viernes, 30 de junio de 2017

¿Puede la tecnología ser una herramienta para combatir la corrupción?



Cada vez que escucho un nuevo escándalo de corrupción en Colombia se me viene a la cabeza las palabras del “ilustre” Miguel Nule (uno de los cerebros del carrusel de la contratación en Bogotá) cuando afirmó que “la corrupción es inherente a la condición humana” ¿será que hay personas genéticamente predispuestas a ser corruptas? O el “cómo voy yo ahí” “eso tiene manejo” “Si no es torciendo a alguien no salen los negocios”¿se han convertido en parte de parte de nuestro diario vivir?.

Esta semana una nueva noticia de corrupción nos volvió a sacudir, Gustavo Moreno, Jefe anticorrupción de la Fiscalía General de la Nación fue capturado por pedir sobornos a un investigado por corrupción del departamento de Córdoba y para completar, fuentes oficiales informaron que Moreno fue el único de los candidatos a ese puesto que había pasado las pruebas del polígrafo, si Moreno pasando dichas pruebas resultó siendo un pícaro no me quiero imaginar los escrúpulos de los que perdieron la prueba. Así se presentaba este abogado adalid de la moral.



Cuantos Morenos, Reficar, carruseles, Odebrecht debemos esperar para reaccionar? ¿Será que un país donde el Fiscal designado para investigar la corrupción es capturado por corrupto requiere  una profunda reflexión de sus valores?. Sin duda el reto es grande y no basta con solo indignarse es necesario asumir otras posturas con aquellos que se roban los recursos públicos pero también con los que desangran las empresas privadas porque allí la corrupción también impera.  

Una alternativa podría ser el empoderarnos de las tecnologías para denunciar a los corruptos, como ya lo hacen en España con el buzón público de denuncia de la corrupción o como lo hacen miles de ciudadanos preocupados que desde sus redes están denunciando irregularidades en sus regiones o si no miren esta pulla.



Para terminar los dejo con algunos apartes del Foro: “Corrupción en Colombia” para no desfallecer ni perder la moral frente a este flagelo que se carcome a nuestra sociedad.




lunes, 12 de junio de 2017

La salud: otro sector en crisis tecnológica




Imagen:  Comosoc distribuida con licencia Creative Commons 

No soy de los que va frecuentemente al médico, que los médicos no miren a los ojos, que las consultan sean express y que sólo mediquen ibupoprofeno me quitaron las ganas de visitar a los médicos. Sin embargo ante la presión familiar decidí hacerme un chequeo hace un tiempo (mes y medio exactamente) solicitando una cita médica a Compensar EPS que me fue dada para el 12 de Junio a las 7:40 a.m.

Luego de 45 días de espera llegué a mi cita médica, confieso que estaba un poco nervioso ante preguntas del Dr. Como: ¿Hace cuanto no ve un médico? ¿Por qué no se hace chequeos periódicos?  etc, etc. Sin embargo otra vez la vida me da una lección y es no preocuparme por el futuro ya que estas preguntas nunca se hicieron. La razón Compensar EPS se encontraba en un proceso de cambio de su sistema por lo que todo estaba colapsado, mi cita que era para las 7:40 se retrasó dos horas.

Finalmente entre ventanillas, personas estresadas y enfermeras desconcertadas logré ser atendiendo por un doctor preocupado más porque el sistema que entraba en operación que era una “caca” y no por mi salud. La cita duró 22 minutos (demasiado tiempo para un un paciente de EPS) de los cuales 5 minutos se fueron en tomarme el pulso, revisar mi peso y escuchar las pulsaciones de mi corazón, los otros 17 minutos restantes se fueron en la pelea sistema Vs. Médico. Pero no es culpa de médico, de hecho fue muy amable conmigo, sentí compasión por él, creo que también él es preso de este sistema perverso que tenemos. 

Al ver esta situación y lo estresado que estaba el médico preferí dejar de lado mi motivo de la cita y centrarme en la situación del pobre médico; Le hice preguntas sobre el sistema, que cuanto tiempo llevaba la migración, que cuáles eran las principales dificultades, del por qué no se previó antes este cambio y hasta le mencioné el viejo proverbio chino que dice. “Si un problema tiene solución ¿para qué preocuparse?  y si no tiene solución ¿para qué te preocupas?". 


En fin, como tantos otros sectores la salud también está en crisis, crisis estructural pero también crisis tecnológica que va más allá de actualizar el software o cambiar el sistema. El problema también pasa por la relación que se construye con el ciudadano, ya no es suficiente que el personal médico (Doctores, enfermeras, personal administrativo) use la tecnología, se requieren que esto entiendan la relación que se construyen con las mismas para poder ofrecer un mejor servicio y que los tiempos de las citas sean más para mirar a los ojos y escuchar al paciente que intentar pelar con la tecnología.